Monday, December 01, 2008

En tu sangre está todo lo que buscas,
si me preguntas hoy lo que tienes que hacer
pues allí conservas tu cordura,
tu amor, tu lógica, tu ser.

Lo tienes todo en tus venas...

Todo, todo, todo, absolutamente todo...

Y aquello que falte estará en las mías, querido amigo...
Y con este consejo jamás te hallarás perdido.

Thursday, November 20, 2008

Los mejores deseos.

Un hombre (de algún grupo de drogadictos en recuperación) tocó mi timbre y me vendió un calendario 2009. Al irse me dijo "Que Dios te bendiga".

Quienes me conocen, saben cómo es mi relación con Dios: Nula. Para mí no hay Dios (y perdón si esto ofende a alguien, pero así vivo feliz). Hubo algo que me emocionó de lo que él me dijo, "Que Dios te bendiga"... Luego lo entendí.



Uno siempre es uno. Uno, por más que lo intente, no puede ocultarse. Quienes son buenos, son buenos a su manera. Quienes son hijos de puta, lo son a su modo.

Y este tipo me sacudió el alma. No me hizo creer en Dios, no. Pero esa frase fue tan espontánea... Lo dijo sin preguntarme si era cristiana, homosexual o prostituta. Lo dijo buscando mi sonrisa o, aunque sea, un brillo en los ojos.

El tipo me hizo tener fe. Fe en que, tal vez, todavía no se hayan extinguido las buenas personas, los mejores deseos hacia otros.


Él, un creyente. Yo, una pequeña inmadura atea. Él me sonrió. Yo le sonreí. No sé quién era, pero trabajamos juntos por el mismo objetivo.

¿Pueden adivinar cuál es?







Gran PD: Siempre dije "No es necesario ser cristiano para ser bueno. Con que cumplas los mandamientos con respecto a tu prójimo ya haces bastante"

Thursday, November 06, 2008

Yo no soy nazi: yo mato a todos por igual.

Primero, mataría a una ex profesora mía. Siempre soñé que iba a ser la primera en morir. Me imagino su masa encefálica en el piso y me gusta.

Luego, mataría a toda mi familia, para que no vean la masacre. Ellos me amaron demasiado y no quiero que sufran. Haría lo mismo con mi novio y con mis verdaderos amigos. Quiero ahorrarles las lágrimas. Me costaría, pero es parte del plan. Supongo que sería a gas, veneno, algo que no les duela y, además, les ahorre el verme asesinándolos.

También morirían aquellos que, alguna vez, dijeron ser mis amigos. Ésos que realmente se merecen no disfrutar de nada, porque les di mi cuerpo y alma y vieron algo menos útil que el aire en mí. Torturar sería poco. Disfrutaría que me pidan perdón antes de degollarlos o, por qué no, cortarle las venas.

Morirían los profesores y maestros que siempre obstruyeron mi carrera académica con paros y pavadas. Ésos sí que los detesto. Ésos sí que no entienden nada de nada... Y se hacen llamar educadores. Todo lo que aprendí fue por los libros que he encontrado por ahí. A ellos no les debo nada.

Asesinaría a la gente de mi barrio, por vigilantes de mierda. Odio que anden mirando y comentando palabras que siempre terminan por llegar a oídos de uno. Odio que tilden a uno de "puto del barrio" o "loca del barrio"...

Los políticos son los menos indicados para salvarse. Sin palabras. Dejarían de respirar pero nunca de sangrar.

Los grandes señores capitalistas, que se aprovechan de los trabajadores, me caen muy mal. Sueldos de 1500 pesos no mantienen ni a un perro, no sé qué se piensan. Ellos nadan en piletas de agua pura cuando el calentamiento global ya no es noticia. Asco me dan, asco. Los cerebros que no tienen cargo de conciencia hay que despedazarlos, pisarlos con importantes botas.

También mataría a los obreros que se quejan por giladas cuando nadie los obligó, en realidad, a ser obreros. Si hubieran puesto un poco de ganas en sus miserables vidas, podrían haber sido ingenieros o arquitectos, pero no saben nada sobre vivir, ni sobre fuerza de voluntad. Junto con ellos mataría a sus hijos, que son los que abandonan en la escuela a modo de guardería y me rompieron los ovarios toda la vida.

La gente de los medios la asesinaría entrando a los respectivos edificios donde trabajan con una buena AK-47. Definitivamente, tienen que sufrir por la mierda esa que ponen en la pantalla de este país. Todo es una gilada, un chiste, un lavado de cerebro. Solamente chequearía que no hayan cambiado su estúpida programación, para matarlos con fundamento.

A todos los pelotudos que se la dan de artistas e intelectuales sí que los ahorcaría... Con las manos. Quiero sentir que se les achicharren los pulmones, que no respiren más ese puto aire de la libertad y la creatividad.




Así sucesivamente, irían cayendo todos. Uno a uno. A dos. A tres. A varios, depende el método. Pero todos se morirían y habría cada vez más paz en este mundo. Tendrían que darme un Nobel por eso. Ahí cumpliría mi sueño.

Y cuando no haya quedado un sólo tipo vivo, me mataría. Me aburriría como puta extremadamente fea en una esquina y me mataría. Dios no existe y no me crearía un hombre para volver a empezar. Y no creo que ese hombre me ame tanto como el que allá, al principio del texto maté, me amó.






Esto me llevaría mucho laburo, súmenle que tal vez me capturen, en el medio del quilombo.

Tal vez sería más fácil matarme a mí primero, y así llegaría al final de todo este asunto más rápido.

Saturday, October 18, 2008

Buen padre.

Hay dos palabras que un buen padre tiene que saber decir en el momento justo:

NO y JODETE.

Monday, September 01, 2008

Lo que es y lo que jamás debería ser.

Hay cosas que no entiendo de la vida. Está bien que soy un poco ingenua, pero creo que aquellos mayores tampoco las entienden.

Las cuestiones que tienen que ver con el placer y la destrucción son lo que más me complica la existencia. Cosas que te hacen sonreír, y todos dicen que te destruyen.

¿Y cuál es el objetivo de la vida? ¿Ser feliz y disfrutar o cuidarse al máximo?

Yo no hablo de drogas porque de las sustancias estoy re podrida. Las sustancias están de moda y ahora quiero hablar de algo que es natural, constante. No quiero decir que ya las he consumido, todo lo contrario.




Escucho Zeppelin, el tema que siempre escucho. El tema que me hace escuchar todo el Zeppelin III. "Since", claro. Quienes me conocen deben estar cansados de que les hable de él. De hecho hace tiempo que no lo escucho, así que voy a musicalizarme.



Es que no hay nada más claro que esa letra... "Everybody trying to tell me that you didn't mean me no good" (Todo el mundo tratando de decirme que no me significas ningún bien).


No sé cómo encarar el tema, nunca supe muy bien cómo encararlo.


Pensemos...

Escribí hace no mucho: "Mientras haya posibilidades de vivir la felicidad sin quitarle las suyas a alguien más, cualquier acción y postura será correcta."

Bien, eso no he dejado de pensarlo.




Si fumo y no lo hago en tu habitación, mis pulmones se derriten, se mueren. Me quito la posibilidad de sentir el aire en la cara mientras corro. Pero me gusta fumar. Me gusta fumar y me gusta enamorarme. Claro está, ninguna de las dos cosas las hago todo el tiempo, sino pierden su verdadero sentido.

Fumar y amar son cosas que me marean y me gustan. Me pregunto mil veces si está bien. Y me contesto que no está bien otras mil (porque sí, mis amores, jóvenes e inexpertos, siempre fueron jodidos).

¿Qué es lo que no está bien? Las reglas éticas lo dicen. ¿Quién las inventó?




Suena el silencio, no más, y me taladra la mente. Yo no quiero herir a nadie.



Luego me olvido de esas cuestiones, miro una película de François Ozon. Me entretengo. Luego, camino por la calle. Siento un calor rozando mi brazo derecho. Llego a casa. Me encuentro en la cama siendo yo, yo, yo completa, yo perfecta, yo con un pucho en la mano. Me encuentro más tibia, riendo. Entera, enterísima. La parte que me faltaba penetrándome la carne. La literatura, el cine, la música... La música. La música. Se me inserta un mundo en la piel, bajo las sábanas. Un mundo entero.


Comiendo chocolate, en esa misma cama, me acuerdo de Sócrates, de su amor imperfecto, feo, su amor-demonio, y tenía razón.


Son las 9, todo se desvanece.





El cigarrillo me marea, el amor también. Creen que me estoy matando, y nunca respiré mejor.




Si me muero, piensen que algún día me tocaba. Pero yo de ésta no sólo salgo viva, sino que me llevo lo mejor.




Yo no soy Sissí, yo no me muero en ningún círculo de baba, porque Sasha no está a mi lado.





Sasha no está a mi lado... ¿Me entendieron?

Thursday, August 07, 2008

Creo en Dios (o delirios por problemas de personalidad de una adolescente común y silvestre)

Creo en Dios, ya no me considero atea.

Dios existe y creó al hombre a su imagen y semejanza, y eso es la pura verdad. Creó a este hombre, pecador, eterno pecador. Lujurioso, avaro, asqueroso, deprimente. Este hombre creador de historias alucinantes.

Dios da dones. Dios da hermosos dones. Oído absoluto, capacidad de combinar las palabras para hacer poesía, capacidad para hacer reír a alguien más, de hacer cuentas mentales a una gran velocidad. Es todopoderoso y da dones. ¿A quienes? Hay gente que los recibe, los descubre antes de haber hecho el bien o el mal en el mundo.

Me miro y soy humana. Hice el bien, hice el mal. Acá estoy.

Dios da dones a quien quiere, sin razón alguna. No deja pasar el tiempo antes de ver quién los merece y quién no. Porque, diosito querido, yo me rompí el culo laburando, y acá estoy, esperándote, rezándote. No te recé lo suficiente…


“Creo en dios, padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra…”


Nada.


Nada.





NADA.



“Padrenuestro que estás en los cielos…”



Dios es justo y es perfecto.

Yo laburo y trato de mirarme, de rezar. De mirarme a ver si pasó algo, de moverme, de caminar de rodillas hasta Luján. De no pecar. De rezar.

Ya va a llegar, ya va a llegar…





Pero antes de que llegue, levanto una ceja:

Este Dios no es justo. Este Dios no es perfecto… Te descubrí, chabón. Te descubrí.

Dios es imperfecto, Dios no es justo. Dios no es eso que se dice que es un Dios.

No es abstracto, no es eterno, no es nada.

N-A-D-A.

Dios no existe.

Soy atea.

Y soy imperfecta, soy lujuriosa, soy una porquería, soy concreta. Pecadora. Deprimente. Dos brazos, dos ojos, dos tetas (o algo así), un corazón. Glóbulos rojos y blancos y demás porquerías que no sé qué mierda son.

Así y todo, creo en mí.


Y se van todos a cagar.

Wednesday, July 09, 2008

Cabecita de amante de todos.

Tengo los brazos flojos
no tengo la cabeza
se la llevaron
se la robaron

pedazo de pelotudo
te llevaste la cabeza, te olvidaste el corazón.

y ahora qué lo hago?




pedazos de pelotudos... que ni siquiera tengo la boca para digerirlo,
saborearlo,
para que deje de latir.




Creo que soy agorafóbica y que necesito drogas,
creo que necesito un diccionario que me saque las dudas,
comerme las uñas,
parir hijos,
leer libros,
anotarme en la facultad,
ahogarme en el mar.

No sé qué hago con las palabras, las vomito, vaya uno a saber por dónde.






Tal vez así te guste más y te lleves lo que quedó.

Acariciame la garganta degollada, enterrá la mano en la carne, llevatelo,
no sé si es tuyo,
no me importa,
no me importa,
no me importa.

Me hace mal.





(Y tal vez te guste más que la prosa)

Monday, July 07, 2008

Thursday, July 03, 2008

Pequeñísimo escupitajo durante la ciclotimia.

Aquellos que más me exigen, en nada me dan una mano. Mientras tanto, quien más aporta, sólo pide mi humilde espontaneidad a cambio.






VOMITIVO.

Vomitivo es todo esto.

Monday, June 23, 2008

La dama caminando hacia el Diablo y el transeúnte.

Usaba la piel rota bajo el cielo negro
se dejaban ver mis más congelados huesos
Si mi alma hubiera sido alma,
Si mi credo hubiera sido credo,
no estaría arrastrándome hasta la boca del infierno.

No sé qué es lo que pesa en mi espalda,
En qué momento el tiempo me hundió la daga.
Mi garganta se muere por sentir fuego
a carencia de latidos en este pecho...
A la misma hoguera es este camino eterno.

Sinceramente, en mi viaje, espero
que el horizonte me de un transeúnte,
alguien que atraviese mis lágrimas
alguien que haga descansar mi cabeza en su almohada...
Y deje en mí su aliento, mientras merodea a lo lejos.




Y puedo verlo llegar...

Monday, June 16, 2008

Mi cabeza gacha, y escuchás estas palabras:

Yacían los dedos rotos sobre los labios, o tal vez no yacían... Y éstos permanecían abiertos exhalando encanto.

¿Y si todo esto en veneno consistiera? ¿Qué harías? ¿Si fuera mañana el día en que mueras?

Enredaste tu piel en las sábanas, desarmándote. Ya no importaba cuánto intentara negarme.

Y sólo me queda un barato recurso, hacerte perder en mi cacofonía, para que no descubras el verdadero combustible de mis días.

Friday, June 06, 2008

Dejame escribir en algún código que sólo yo entienda. Dejame escribir y creer que no entendiste nada, jamás. Dejame creer que soy mediocre. Dejame creer que la felicidad está en la mediocridad. Dejame librarme. Dejame creer que puedo librarme. Dejame creer que es culpa tuya. Dejame pedirte, por enésima vez, perdón por haber perdido la cabeza. Solamente dejame morir. Quiero morirme y nada más... ¿Sí?

Sunday, June 01, 2008

"La noche de los feos", por Mario Benedetti.

Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.

La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.

-¿Qué está pensando?- pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.

-Un lugar común- dijo. -Tal para cual-.

Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

-Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?.


-Sí- dijo, todavía mirándome.

-Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida.

-Sí.

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.

-Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo.

-¿Algo cómo qué?

-Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad.

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

-Prométame no tomarme como un chiflado.

-Prometo.

-La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?

-No.

-¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?

Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.

-Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca.

Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.

-Vamos- dijo.



2

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.

Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.

Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.

Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

Saturday, May 10, 2008

Razones

Más de mí, sola
más de mí, corriendo. Corriendo a algún lugar.

Más de mí, sacando músculos, con un cuerpo infernalmente sano. ¿Para disfrutarlo yo? ¿Para... cuidarme más?

Más de mí para nadie. Para un violador, qué se yo. Carne para nadie

Más de mí, sola.
Más de mí, leyendo. Leyendo datos y reflexionando.

Más de mí, pensando, con un nivel intelectual infinito. ¿Para salvarme de la ignorancia? ¿Para... obtener postgrados hasta el cansancio?

Más de mí para nadie. Para un programa de entretenimiento, de preguntas y respuestas. Neuronas para nadie.

Son ideas que pasan rápido por la mente, hasta fugaces, inútiles, deshechables, descartables, obvias. Son frases que necesita uno escribir de vez en cuando.

Son frases que necesitan (o que necesito que sean) leídas.

Necesito servirte. Dejame servir.

















¿Y para qué son estos labios si no son para rozarte?

¿Para qué estas piernas, si no son para que juegues entre ellas?

¿Para qué estas palabras, si no van a ser las que enjuaguen tus lágrimas?

¿Para qué esta piel si no va a cubrirte del frío?

¿Para qué estos ojos si no van a ser los mundos a los que escapes cuando necesites tu lugar?


¿Para qué este corazón, si no va a marcarte que el tiempo sigue, sigue, sigue... y que estás vivo y podés sentir?











Decime, mi amor, para qué carajo sirvo.

Saturday, March 08, 2008

Qué problema... ¿No?

Ya lo había visto varias veces en el bar ese. Era hermoso, obviamente. Un morochazo. Estaba sentado en la barra. Se acercó para hablarle, él no se negó. Cuando empezaron la conversación se dio cuenta de que era un tipo genial, muy carismático, sociable. El morocho le invitó un trago que fue aceptado. Luis. Así dijo que se llamaba el de ojitos oscuros. Se preguntó por qué no era tan sociable como Luis.

Como dos jóvenes, pidieron su buen alcohol al que atendía. Empezaron compartiendo una cerveza y dos tequilas. La persona más tímida disfrutaba de ese placer, pero no tenía resistencia a aquello tan fuerte. Podría decirse que sin darse cuenta le sumó a lo que se encontraba en su estómago un Séptimo Regimiento, un Sex on the Beach, más Tequila y luego le dio a la ginebra. Fue entonces cuando perdió conocimiento de todo. ¿Si vivía? Ni la más perra idea. Todo era pura risa.

Y menos idea de cómo fue que se despertó en el hospital.







Las sensaciones más horribles de todas. El sabor ácido del vómito en la boca. El pecho a punto de estallar. Frío, mucho frío. Luis miraba con ojos entre tiernos y penosos a su cara, como diciendo que todo estaría bien. Se intentó agradecer la compañía, la comprensión, pero el habla era imposible, los labios no respondían. Alguien le inyectó algo en el brazo. Volvió a dormirse.





Volvió a despertar en el hospital.


...

Era otro hospital.

Bueno, suponía por lo que recordaba. Vivía prácticamente durmiendo, pero veía muchos médicos entrar y salir cuando despertaba por minutos. Una enfermera siempre estaba ahí. No tenía noción del tiempo, pero días (supuso que días) después se encontraba bastante bien. No hablaba mucho, pero cuando preguntó qué había sucedido, las enfermeras y médicos sólo decían que todas sus dudas serían aclaradas luego, que el caso era raro pero que no se asuste, que estaba fuera de peligro. Tardó dos meses en hacer la rehabilitación, en volver a caminar correctamente, sin agitarse.


Jamás olvidaría estar allí ocupando la silla en la oficina de quien dirigía el hospital. Mirándole a los ojos, ese hombre que parecía un gran sabio le contó todo. Lo de Luis, el detenido. Lo del alcohol. Lo de la clínica clandestina, la droga inyectable, el transplante ilegal.




Sí, transplante ilegal. Esas cosas jamás habían sido permitidas por el gobierno. Le habían quitado su corazón y le habían colocado una imitación de aquél órgano. Era algo sintético con la fuerza del metal. O tenía parte de metal. O algo así. Supuestamente era obra de algún que otro científico loco que quería probar algo y jamás lo habían dejado. Luego de esa operación clandestina, su cuerpo muerto fue abandonado en un banco de plaza, acomodado en posición fetal, haciendo que quienes pasen por allí creyeran que se trataba de algún indigente.

La estructura que le fue concedida de forma tan extraña se analizó luego de ser traído el "cadáver" en ambulancia hasta el verdadero hospital. Misteriosamente, el corazón sintético había funcionado y el experimento no había resultado fallido, de hecho, todo lo contrario. Era extremadamente fuerte, resistente, y por eso había sobrevivido quien lo poseía. Por lo cual decidieron los profesionales que se recuperara con él. De todas formas no podrían haberle dado otro corazón. La situación hubiera sido muy delicada si hubieran tenido que esperar la donación.






Aseguran que en el proceso de rehabilitación, se pudo comprobar que el organismo se fortalecía de increíble manera. Dicen "cuerpo sano, mente sana", entonces en ese episodio horrendo su alma se volvió tan fuerte como su cuerpo.






Con el alma ya de acero, se prometió nunca jamás volver a un estado semejante de inconsciencia como en ese bar.

No quería que le arrancaran el corazón... otra vez.

Descubrimiento.

Soy de las personas que piensan que jamás se termina de aprender. Por eso, todos los días me llega algo nuevo a la cabeza, algo para analizar e incorporar. Hoy entendí muchas cosas, sólo lean lo siguiente...



No me importa que me amen y deseen estar conmigo. No gano absolutamente nada con un "te amo" a la distancia. Son un par de palabras inútiles lanzadas al aire que se van. No gano nada con un beso. Una prostituta besa a sus clientes y ese contacto no posee cariño alguno.

Pero hay algo muy parecido (parecido no es lo mismo) que es lo que SÍ me importa: me importa que me enseñen a amarme. Eso no tiene precio.



Cómo se hace... Uf, infinitas maneras hay. Prestame un libro que me haga comprender la tristeza que entonces me esté invadiendo, o un disco que me haga dar cuenta que poco valía la pena el sentir enojo. Haceme correr kilómetros para disfrutar de un sueño profundo luego y una mañana fresca en consecuencia. Ayudame a escribir un haiku, una canción. Enseñame a maquillarme y besar mi reflejo en el espejo.


Porque si lográs que yo esté bien, es porque me tenés aprecio.


A eso, se le llama "hacer mérito y obtener una recompensa". Una dulce recompensa. Una sonrisa, un abrazo, lo que sea que necesites, mi pequeña fidelidad...



Pensando en lo contrario, si me odiás y no lográs sacarme una lágrima, tu tan llamado "odio" es débil. Necesitás esfuerzo, mucho, para destruirme. Entonces para qué odiarme, si no se logra el efecto.




"Dah, no lo vale."

Wednesday, February 27, 2008

Estrellita mía, siempre estás sonriente. Nunca desaparecés, no pensás hacerlo. Sos la reina, la belleza, la figura principal, excelente actriz. Donde haya luz siempre te veré caminar. Donde haya luz estaré. Porque los flashes de las miradas marcan tus ojos, tus labios, toda tu perfección. Y yo atada a tus pies, siempre, me veré si hay claridad sobre tu cuerpo. Soy la mancha horrenda en el piso, arrastrándome... tu sombra.

Más brillás, más fuerte lloro y me abrazo de tus tobillos.

Estrellita mía, no quiero seguirte, pero estoy.


Estrellita mía, ¿Por qué no me ves?



No me vas a ver jamás.

Jamás...

Thursday, January 24, 2008

Verdad

Siento que los sentimientos se petrifican, se enfrían, su esencia se detiene, se pudren. Yo soy sentimientos, todos estamos hechos de eso.
Estoy tan fría, y ya no puedo hacer nada...

Recuerdo tantas cosas, lágrimas, caricias, sangre corriendo, y eso se ha muerto. Yo me he muerto. Un tema de Zeppelin que me movía el alma, otro de Tiamat susurrado. Y ya no escucho nada.



Ni gritos, ni música.

¿Eso es bueno, es malo?

Descanso en paz. Odio esta paz, LA ODIO.




La oscuridad de una noche espontánea que me fue mostrada...



Ya no sé qué hacer...






Dibujos perdidos, aire en la cara, alguna sonrisa, llorar por nada, sangrar por mucho, gemir.

¿Por qué no puedo sentir? ¿Por qué te vas a llevar todo...?


Te vas, yo me quedo. Para siempre, no sé.






No puedo, no puedo correr detrás de...

Simplemente no puedo.






Dios no existe. No existe. No existe.





No.




Son mensajes que nosotros entendemos...

Monday, January 14, 2008

Quiero saber una sola cosa...

No tengo cuchillos,
ni armas de fuego,
mis uñas están mordidas,
mi corazón late lento.
No sé insultar y
carezco de reflejos.
No siento en mi piel
algo de veneno.
Mi ingenio no es capaz
de convertir a tus amados en muertos
y jamás lo será...


Así que quiero saber una sola cosa... ¿Por qué estás en ese rincón, mirándome, con el miedo más grande existente en este mundo? Sólo puedo reírme de vos.




Si estás leyendo esto, maldiciéndome y sintiéndote totalmente pisoteado/a por las palabras, pobre de tu alma. Mejor que dejes este blog de una vez, y hagas algo más interesante con tu vida. Mucha suerte con eso. Y dame las gracias: te dediqué unos segundos y te escribí esto.

Monday, January 07, 2008

Viuda Negra

Él estaba a la orilla de un bañado, descansando en el césped y en la paz del ocaso. Unos dedos fríos lo rozaron. En realidad eso fue lo que sintió porque no pudo ver nada. Cerró sus ojos despreocupadamente, sonrió. Esa extraña brisa había sido levemente placentera.

Oscureció muy rápido, pero no fue la noche en realidad quien lo sorprendió al despertarse de un sueño consciente. Unas curvas blancas de mujer estaban sobre él, desnudas por completo, y no las había sentido allí hasta entonces. Se podría decir que brillaban de hermosa perfección. Las piernas se desplegaban de una forma particular sobre él: no era algo obsceno, todo lo contrario. Los ojos de la joven estaban cubiertos por largos cabellos enmarañados. El hombre intentó peinarlos con sus mismos dedos y, al hacer esto, descubrió un par de pupilas infinitas. Cuando las yemas masculinas reconocieron las puntas del cabello, continuaron deslizándose por los pechos tentadores. No se veían muy voluminosos al ser tan adolescentes, pero eran armónicos con la inmaculada belleza a la cual pertenecían. Las manos más pequeñas ordenaron a las otras que siguieran tocándola. Hubo gemidos sensuales, ahogados. Ella misma se encargó, luego, de desvestirlo.

De un momento para otro, se encontraron unidos en una penetración perfecta, llenos de lascivia, diciéndose al oído y sin palabras lo que se les pasara por la mente. Ardían, incandescentemente lujuriosos. Al momento del clímax, sus pieles eran una. Las respiraciones, sístoles, diástoles, se oían fuertes, sagradas, triunfadoras. Podían comerse con las miradas.

Yacieron allí un momento, descansando en el deseo de volver a repetir lo ocurrido. Sin usar la voz, ella dijo que debía irse. Lo besó, pero sus carnosos labios ya no eran del fuego del que estaban constituídos segundos atrás. Eran de puro hielo, de hecho. Él intentó incorporarse del suelo para detenerla, pero su anatomía no le respondió.
Aquel cuerpo se iba, con pasos sigilosos, mientras aumentaba la desesperación del hombre al no poder moverse.
En un momento, ella se detuvo, volteó, y mostró millones de lágrimas plateadas en su rostro. El que yacía deseó poder secárselas antes de morir.
Cuando ella terminó de fundirse con la noche para luego irse juntas del mundo, él ya no respiraba.

Lo había engañado, pero no podía no hacerlo.

Well, I guess you took my youth...

Arrastrándome, deshaciéndome,
dejando mi cuerpo atrás,
me desangro en las cenizas
buscando insanidad.

Mis ojos están secos,
mi mente vira al pasado.
Caminando por desiertos negros
todo perfume se ha evaporado.

Ésto es la muerte,
no perder la voz jamás,
de una herida no sentir el ardor,
de una piel no sentir la pasión.