Yacían los dedos rotos sobre los labios, o tal vez no yacían... Y éstos permanecían abiertos exhalando encanto.
¿Y si todo esto en veneno consistiera? ¿Qué harías? ¿Si fuera mañana el día en que mueras?
Enredaste tu piel en las sábanas, desarmándote. Ya no importaba cuánto intentara negarme.
Y sólo me queda un barato recurso, hacerte perder en mi cacofonía, para que no descubras el verdadero combustible de mis días.
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