Monday, October 29, 2007

Me voy.

Mi voz se consume de mi boca a tu cabeza
tus ojos perdidos son quienes a mis palabras desmembran.

Me he encontrado cara a cara con quien se llama Oscuridad
Ya no grita mi garganta pero mi llanto es mi verdad.

Este río no es de mi odio,
es mi odio con el de los que han muerto.
Tu mirada fue la bala perdida
que lanzaste con tu ignorancia
pero mi cuerpo no se desangra...

La irónica sonrisa impregnada en tu cara
hace que sienta dolor en mis entrañas.

Volteo sobre mis pasos y ya no vuelvo
Ya no te dejaré respirarme, haré mi silencio.

Sunday, October 28, 2007

Probando fragmento.

Ella lo miró. Sabía que los surcos aquellos que estaban en sus propias mejillas jamás se borrarían. Nunca los había sentido, ni los había intentado borrar, pero sabía que siempre estarían allí.

Los ojos de él eran firmes, pero a la vez incitaban a deshacerse en ellos. El pelo le caía por la frente.

De los cuatro lagrimales nacían surcos, no sólo de los dos femeninos.

Era una situación extraña, hermosa, terrorífica. Ellos, un par de amantes masoquistas.

No querían mirarse, disculpaban haberse clavado las pupilas, pero sin embargo, seguían haciéndolo. Debían parar y lo sabían. Él le cantó al oído alguna melodía en alemán.

Los labios jamás debían volver a rozarse. La última vez, ambos se fueron al mismísimo Infierno. A ese infierno creado por las personas del mundo que los rodeaban.

No debían, pero lo hicieron. Era sabido que si se unían nadie podría evitar lo obvio.

Juraron, en la cama y completamente desnudos, que nunca dejarían de ser amantes.

Tuesday, October 09, 2007

Concurso literario: Club de Leones de Junín.

2º premio. Categoría Junior.

12 de Septiembre de 2007

Seudónimo: Frida

Tema: Libertad de expresión

Subtema: “Ésta es mi palabra”










Era una familia acaudalada de principios del siglo XIX. Estaba compuesta por el padre, un gran terrateniente; la madre y el hijo, de unos ocho años. Quien ponía las reglas era el padre, mientras que su esposa imponía los castigos tanto a miembros de la familia como a los peones. El hijo, malcriado por sus padres, era el que, prácticamente, decidía todo. Y esto quiere decir que, cualquier cosa que pidiera, le sería concedida, por más efectos negativos que tuviera sobre él.

El terrateniente tenía cinco peones en su poder: tres fuertes hombres y dos habilidosas mujeres. Uno de aquellos hombres era el encargado de comunicar a la familia con los pobres subordinados. Su patrón no le permitía traer malas noticias, ya que eso le ponía los nervios de punta, y era algo que quería ahorrarse.

Hasta ese momento, y gracias a Dios, todas las malas noticias podían ser omitidas sin que surgieran problemas.

Pero hubo un día en que esa suerte desapareció. Una de las mujeres, la que mejor lavaba la ropa, murió luego de agonizar por varios días. La otra, automáticamente, se ocupó de su tarea, pero por más que se esforzara, las prendas ya no quedaban suaves e inmaculadas como antes. Esto fue un grave problema, porque la patrona siempre exigía que sus vestidos estuvieran más que limpios,

A la semana de la muerte de la lavandera, la madre encontró uno de sus vestidos un tanto descolorido, y le preguntó al peón que funcionada de puente entre ambos mundos, la razón de por qué el hermoso que había traído de Nápoles ya no se veía como antes. El hombre no podía decir la verdad. Las consecuencias de decirla eran imposibles de saber, y mejor que fuera así. El terrateniente siempre tenía un mal humor fuera de lo común, y fue así que optó por no decir lo que pasaba realmente.

Pero con los días, las telas perdían su brillo, y la muerte de aquella mujer se había tornado inocultable. Y algo horroroso ocurrió en la casa.

El padre, que ya había perdido la paciencia a causa de los comentarios histéricos de su esposa, enfrentó al peón-puente. Asustado, el pobre y desdichado lloriqueó y no dijo una sola palabra. La madre y el niño estaban presentes. La mujer exigía que fuese torturado hasta que se supiera lo que en verdad sucedía, y el pequeño mocoso, excitado por la situación, concordaba con su madre. Presionado, el amenazado, lo dijo todo: la muerte y el intento de ocultarla. La cara del padre se transformó, y rojo de furia, gritó: “¡¿Por qué no me lo has dicho antes?!”.

Fue así cómo el cuerpo, luego de una profunda puñalada cayó al suelo, y el asesino justificó su acto con una increíble frase: “Derramó su sangre por no serme fiel”.

Los dos que observaban sonrieron satisfactoriamente cuando la mujer que quedaba viva entre los peones se llevó el cuerpo. El piso tuve que ser posteriormente lavado, y por más que la sangre no estuviera allí, la pobre nunca olvidaría el fluido aquel. Tuvo que seguir viviendo con ese recuerdo, sembrando y cosechando, pero ya no lavando más que sus trapos, por si acaso…Una nueva y más joven se ocuparía de eso.

Todavía mis personajes no tienen nombre: El gran terrateniente podría llamarse “judicial”, la esposa, “legislativo”, y el hijo, “ejecutivo”. El peón muerto sería el Cuarto Poder, los medios de comunicación, y el resto era el pueblo.

Todo fue un malentendido que, sumando los instintos, derivó en esto.

Habrá que pensar un poco al respecto ahora, para que nadie muera por la verdad. Ésta es mi historia y mi consejo. Tal vez no sea correcta, pero es, honestamente, mi palabra.

Tuesday, October 02, 2007

Aviso.

No sé para quién ni para qué, pero aviso. Abrí un blog para mis fotos. Probablemente dedique este a escritos.


http://syncronizationzero.blogspot.com