Ardían. Eran fuego puro. Jamás terminaban de consumirse. No importaba la noche, ni el hielo, ni el rocío que intentara vencerlos.
Y en un momento, fueron incandescentes. Voces se quejaron de aquello.
Fueron enviado a lo más oscuro. Al peor de los castigos. Más allá del talud, y del fondo del mar.
Y permanecieron. Se quedaron allí. Y murieron.
Cuando las almas tuvieron frío, los llamaron.
Pero... Ya no podían resusitarlos.
Estaban congelados. Eran momias de cristal.
Y entonces, lloraron. Lloraron como nunca.
Y siguen llorando.
Y, por supuesto, teniendo frío.
...
Mis labios se tornan morados.
Un color negro océano me corre por la espina dorsal.
No quiero morir así.
...I've got a strong urge to fly,
But I've got nowhere to fly to...
No comments:
Post a Comment