Algunos dicen que, cuando entra en uno, se comienza a volar. Otros, que su alrededor desaparece, y nada malo puede pasarles. Si se caen, pueden levantarse sonriendo. Eso sí, sólo con la ayuda de aquello.
Por otro lado, he oído los sollozos. He visto gente arruinada, y con ganas de pudrirse lo más rápido posible... Es que eso que les hacía tan bien, los consumía. O ya no estaba. Lo habían perdido entre placeres y quién sabe qué más...
Recuerdo el día en que conocí aquello. Era uno común, sabés, un tanto triste y gris.
Pensaba que su existencia era una calumnia, a pesar de haber tantas canciones que hablan sobre eso. Nunca lo había sentido con mi propio cuerpo. Jamás. Y cuando comentaban de sus efectos, yo me reía.
Me reí hasta un viernes en el que entró por mis ojos e invadió mi cabeza. Volé, sentí fuego y hielo y... Fue inexplicable.
Y desde entonces siempre quise más. Y conseguí más.
Pero luego, otro día, me desperté y ya no podía seguir. Eso había desaparecido.
Como arte de magia... Porque así es, aparece y desaparece, y nadie lo ve.
¡Pero ves mis lágrimas...! Lo que en mí causa por no poder seguir sintiéndolo...
Me consumiste, mi vida. Asesinaste mis pensamientos, y aún así, quiero más.
Fuiste la peor droga.
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