Es una de las personas más hermosas que he conocido.
Muchas de las cosas que me dijo fueron claves para lograr ser quien soy: alguna vez me dijo que no me metiera en política, que eso me iba a corromper. "Que me dedicara al arte". También me enseñó a hacer lo que se me diera la gana, a probar y pedir perdón en vez de esquivar y pensar en terceros condicionales. A sonreírle a la gente aunque cueste, aunque haya que decirle a las lágrimas que se aguanten en los párpados.
Una persona que admiro y logró ser inmortal.
Y cometió el mismo error incontable cantidad de veces, por casi diez años.
Una debilidad: la pasión.
Era una pasión deforme, oscura, que le quitaba el sueño, destruía su obra y, en gran parte, fue culpable de que se haya quebrado el tabique aquella vez.
Un fantasma que se dejaba ver sin previo aviso en la casa, que me daba escalofríos cuando se aparecía tan silencioso (aunque sabía que nada me haría a mí... porque venía por él).
Por diez años lo dibujó, lo lloró, lo sangró, lo habló, lo cogió, lo volvió a llorar, lo escribió en las paredes.
A veces, por las noches, me acuesto y me tapo hasta la cabeza... y le susurro a las fuerzas del universo que nunca, pero nunca, me pongan un fantasma así en mi camino.
A veces pienso que es tarde.
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