Empiezo a escribir esta carta a la ciudad con un objetivo muy claro: describir el mal funcionamiento del sistema educativo.
Hay una afirmación correcta: la educación comienza con la primera institución, la familia. El asunto es que la familia, con todos los problemas que implica vivir en la crisis y la inestabilidad, debe ocuparse de dar de comer y de trabajar las horas necesarias para ello. Ya no hay tiempo de hablar más de lo necesario con los hijos, de preguntar algo más que “¿cómo te fue hoy en la escuela? “. Ya no se charla por placer con nosotros, los jóvenes.
Llegando ya a la mayoría de edad, yo, joven, me encuentro ignorante a pesar de de que jamás me fue mal en la escuela. Veo el noticiero y, cuando termina, no hago más que correr a la computadora y meterme en Internet. Necesito saber de qué se habla, de esas cosas que nunca oí de mis mayores. ¿Qué es la AFIP? ¿Qué son los aportes jubilatorios? ¿Cómo nace un partido político? ¿Qué beneficios obtiene un empleado “en blanco”? ¿Cómo funciona una obra social? ¿Cómo se registra la propiedad intelectual? ¿Qué diablos es el VERAZ? Ésas son algunas de las preguntas que me invadieron últimamente. Tuve que hacer pequeñas investigaciones para entender cómo funcionaba este Estado que nos incluye a todos.
Las investigaciones se llevaron a cabo buscando información en la Internet (como ya he dicho), preguntando a mayores, leyendo diarios y revistas y teniendo la costumbre de mirar el noticiero todos los días, al menos quince minutos.
Luego de tranquilizarme y haber aprendido un poco más de todo aquello que DEBO saber, hablo sobre trabajo con una compañera unos años mayor. Ella está buscando empleo para sustentar su carrera. Hablamos de consultoras, monotributistas, impuestos y demás cosas que tienen que ver con la burocracia. Luego de reflexionar, le dije una frase que resume todo esto: tendrían que enseñarnos esas cosas en la escuela.
¿Cómo llegué a esta conclusión? Muy fácil. Los profesores que tuve siempre dijeron que una de sus principales obligaciones es formar ciudadanos. Ser ciudadano se trata de algo más que portarse bien y no matar a nadie. Se trata de colaborar a la organización del país mediante trámites, pago de impuestos y un millón de cosas más que no se aprenden memorizando el preámbulo (que, al final, nunca nadie termina sabiéndoselo). Me llené de furia y me pregunté a mí misma para qué tuve esa materia, “Formación ética y ciudadana”, si ahora no sé ni un diezmo de lo que debería.
Bien, estoy por cumplir 18 años. Para gran parte de mis compañeros, la diferencia entre ser mayor o menor de edad es la capacidad para votar. No hablamos de medicina prepaga, ni de registro de patentes, ni de emancipación, ni del IVA… No saber de esto es peligroso, muy peligroso. Lo que quiero decir es que no hablamos de tener mejor salud, ni de adquirir una propiedad, ni de ver los baches de las calles arreglados.
Para finalizar, digo: la generación del ’90 no está rebelada, ni loca, ni drogada. No somos más que un montón de jóvenes perdidos que no sabemos lo que tenemos que hacer. No hacemos más que suplicar, en silencio, que nos enseñen.
1 comment:
Y si, tenés razón...
Eso resume todo, pero si comenté es porque realmente me llegó lo que leí, creo que mas que nada porque pienso exactamente igual, y porque también (al igual que muchos) tengo que recurrir a internet para buscar cosas que se supone que debería saber.
Te felicito por haberlo escrito che, es una lástima que haya sido un intento fallido...
(Y que conste que tuve que recuperar mi contraseña para poder comentar eh, jaja)
Un saludo :)
Alan·
Post a Comment