Thursday, February 23, 2012

Resistir.

Me gustaría irme muy lejos por un tiempo relativamente largo, cambiar de paisaje, tal vez escapar al Tigre como habíamos dicho con esa persona que quiero. Me gustaría no pensar en obligaciones por unos días, planear mi vida en paz y luego volver al caos con una sonrisa grande y los pies bien firmes en la tierra.
Pero hay que resistir acá. Con la frente alta y el corazón abierto, porque soy lo que queda para alejar los fantasmas, para desatar los nudos y dosificar la tristeza.
Es el momento de los lazos de sangre. Es el momento de mostrar los dientes aunque quiera huir, de armar un rompecabezas de vida que no voy a vivir, pero del cual no se puede perder ninguna pieza. Porque ella es yo, y él, y ella también.
Y lloro porque me gustaría que Dios exista, pero no existe. ¿Qué clase de Dios puede permitir algo así?
Soy una piba perdida por ahí... yo no puedo sola con esto, má, pá, yo no puedo.


Tuesday, February 07, 2012

Lisergia.

El amor es como la lisergia... Todo se aclara en un principio, pero a medida que el tiempo pasa las cosas se ponen más tristes. Llega un punto en que sólo querés que el efecto se vaya, pero nada se puede hacer al respecto: sólo esperar.

Sunday, February 05, 2012

Esto no es poético.

Todo lo que voy a escribir a continuación no es poético. La poesía se hizo mierda desde el momento en que fue dicho el "no va más". Desde ese momento la casa es un asco, fumo como una chimenea y paso mis horas haciendo nada.
Yo soy consciente de lo que hice, y puede que no haya sido la mejor forma de hacer las cosas, pero no me juzguen como criminal: me condenaron al ostracismo como si hubiese asesinado a alguien y todas mis acciones fueron con amor. TORPES, pero con amor.

Lo único que tengo ahora es un ego hecho pedazos. Y no es que se deshizo una parte pequeña de mí y que con la otra parte puedo juntar lo destrozado. Lo terrible es que toda yo estoy destruida y no puedo reinventarme.
Es como si dos sicarios hubiesen venido por mí. Cuando uno dejaba de apuñalarme para contemplar cómo me retorcía en el piso, el otro se encargaba de terminar el trabajo. Uno me hizo caer, el otro sencillamente me dejó sin aliento. Todo en un abrir y cerrar de ojos.

Desearía poder agarrar el teléfono y marcar el puto número sin culpa, sin ser una molestia. Pero sé que si hay una chance de que todo se revierta es no haciédolo. Cuánto sacrificio. Hacer el mal para que resulte el bien... aunque signifique un harakiri emocional.

En vez de eso escribo en un blog. Un blog que leen 3 personas. Un blog que él nunca va a leer (y que tengo la sospecha de que no le interesa hacerlo ni por curiosidad). Y acá estamos: haciendo catarsis cual preadolescente, llorando en el hombro de nadie porque no puedo acercarme a otro ser humano así (¿Con los ojos rojos de llorar por dos días seguidos? Soy un monstruo).