Los cuervos sobrevuelan el escenario. Algo va a morir.
Yo no sé cómo lo hacen, pero es automático. He muerto mil veces ya y todavía me sorprendo ante la actitud de ellos.
Siempre lo mismo: les digo que todavía no voy a morir, ellos dicen "Sí, claro" e igual siguen dando vueltas. Me niego lo inminente a mí misma. Luego, las cosas pasan.
Viene alguien de lejos, se para al frente mío, con ternura pero con distancia. Me dice que todo se acabó.
Es cuestión de tiempo que el cuervo más astuto, el que primero se alimente, se convierta en mi próximo asesino.