Yo ya no quiero esto.
Basta de pagar para tocar,
de la grasa animal en los alimentos,
de la descalibración del bajo,
de que no me digas qué pasa en tu vida,
de escribir sin receptores,
de la inflación,
de las metáforas cliché,
de los pelos en el piso del baño,
de las pocas ganas de maquillarse,
de la incompatibilidad del software con el hardware,
de las diferencias culturales,
de perder la Tarjeta Monedero cuando más la necesito,
de no poder usar la ropa que quiero,
de la paja,
de la falta de tiempo,
de la mugre bajo las uñas,
de no poder evitar gastar plata luego de haber cambiado cien pesos,
de los sueños hiperrealistas sobre situaciones imposibles,
de las bandas under de rock que no coordinan bombo y bajo,
de echarme la culpa.
Que quede claro que yo no quiero esto, pero no conozco otra forma de solucionarlo.
Thursday, June 23, 2011
Tuesday, June 07, 2011
Belleza.
Cuanto más me esfuerzo en perseguir la belleza, más duele.
Duele como el infierno... y no vale la pena. No si nadie me dice "qué rico ese perfume que llevas puesto", luego de haberme echado Channel No. 5.
Y últimamente el puto mundo contemporáneo no tiene tiempo para los cumplidos.
Desayuno. Subte. Cursada. Bondi. Laburo. Cena. Estudio. Dormir.
¿Ves? En esa sucesión no existen los mensajitos de texto con "qué linda que estabas anoche". Ni los mails diciendo "reservame el domingo que vamos al cine, quiero verte".
Y me pregunto de quién será la culpa.
Y vuelvo a lo mismo: Yo. Yo, que no soy ni tan linda, ni huelo tan bien. Yo, que no tengo tanta habilidad con el sexo oral. Yo, que no soy tan inteligente, que no tengo un mango para hacer regalos.
Porque cuando una persona está locamente enamorada de otra, existe eso de escribir un mensajito entre "subte" y "cursada" que diga "anoche estabas preciosa". No importa quién sea.
Sin cumplidos la belleza no existe.
Necesito que me digas cosas.
Creo que voy a volver a llorar.
Tengo miedo... pero espero que ese miedo se transforme en hambre. Y el hambre, en triunfo.
Estoy avisando que voy a hacer un desastre. Si te importa, DECIMELO. Si te importo, te amo.
Duele como el infierno... y no vale la pena. No si nadie me dice "qué rico ese perfume que llevas puesto", luego de haberme echado Channel No. 5.
Y últimamente el puto mundo contemporáneo no tiene tiempo para los cumplidos.
Desayuno. Subte. Cursada. Bondi. Laburo. Cena. Estudio. Dormir.
¿Ves? En esa sucesión no existen los mensajitos de texto con "qué linda que estabas anoche". Ni los mails diciendo "reservame el domingo que vamos al cine, quiero verte".
Y me pregunto de quién será la culpa.
Y vuelvo a lo mismo: Yo. Yo, que no soy ni tan linda, ni huelo tan bien. Yo, que no tengo tanta habilidad con el sexo oral. Yo, que no soy tan inteligente, que no tengo un mango para hacer regalos.
Porque cuando una persona está locamente enamorada de otra, existe eso de escribir un mensajito entre "subte" y "cursada" que diga "anoche estabas preciosa". No importa quién sea.
Sin cumplidos la belleza no existe.
Si un arbol cae en medio del bosque pero nadie lo escucha, entonces... ¿No hace ruido?
Y me cago en la autopercepción de la belleza.Necesito que me digas cosas.
Creo que voy a volver a llorar.
Tengo miedo... pero espero que ese miedo se transforme en hambre. Y el hambre, en triunfo.
Estoy avisando que voy a hacer un desastre. Si te importa, DECIMELO. Si te importo, te amo.
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